CONFERENCIAS DEL PRINCIPIO REGULADOR

JUAN CALVINO 

 ... la regla que distingue entre una adoración pura y una adoración corrupta se aplica universalmente, a fin de que no adoptemos ningún artificio o invención que nos parezca apropiada, sino atender a los mandatos de Aquel que solo tiene derecho en prescribir. 

Por lo tanto, si queremos que Él apruebe nuestra adoración, esta regla (que Él impone por todas partes con una máxima seriedad) debe guardarse con gran diligencia. 

 Porque hay dos razones por las que el Señor — al condenar y prohibir toda adoración falsa — requiere de nosotros el prestar obediencia sólo a su propia voz. 

 Primero, esto establece en gran manera su autoridad para que no sigamos nuestro propio gusto, sino que dependamos enteramente en Su soberanía; y, 

 En segundo lugar, tal es nuestra necedad, que cuando se nos deja en libertad, todo lo que podemos hacer es extraviarnos. 


Luego, una vez que nos hemos apartado del sendero correcto, no hay fin a nuestros desvaríos y enredos, hasta que nos hallamos sepultados bajo una multitud de supersticiones. Por lo tanto, el Señor en una manera justa para afirmar su derecho total de dominio, impone estrictamente lo que Él quiere que hagamos, y rechacemos inmediatamente todo artificio o invención humana que están en desacuerdo con su mandato. También, en una manera justa, Él, en términos claros, define nuestros límites para que no — al fabricar maneras perversas de adoración — provoquemos su ira contra nosotros.

(La Necesidad de reformar la iglesia)


¡Cuanto necesitamos ir consistentemente a las Sagradas Escrituras para aprender esas cosas que agradan a Dios y que él quiere que nosotros hagamos para adorarle, esta reforma de nuestra adoración, se encuentra hoy en uno de sus días más importantes!