IMAGEN DE DIOS

Imagen de Dios




Habiendo estudiado el tema de la imagen de Dios como lo hemos hecho nos queda hacer un análisis más para avanzar en el estudio de las escrituras, lo que sigue es estudiar la imagen de Dios en los diferentes cambios en los que se ha encontrado, pero antes hagamos un repaso:
Hemos dicho que Dios nos creo a su imagen y semejanza, que no somos producto de la evolución sino que Dios nos quiso crear y lo hizo, Dios creó; hombre y mujer por lo tanto el hombre y la mujer son imagen de Dios, el hombre y la mujer son diferentes para que suplan unas necesidades mutuas pero también para mostrar la imagen de Dios, son diferentes por lo tanto en sus roles, además dijimos que la constitución del hombre es cuerpo y alma o espíritu, que alma y espíritu son la misma cosa, pero el solo cuerpo no es un hombre ni el solo espíritu, es necesario que haya cuerpo y alma para que haya un hombre.
Pregunta ¿cuales cambios ha tenido la imagen de Dios?






(basado en la enseñanza de Anthony Hoekema libro creados a imagen de Dios)




1. Imagen original
2. Imagen pervertida
3. Imagen renovada
4. Imagen perfeccionada







1. La imagen original




Lo que vemos al principio, en la creación, antes de que el hombre cayera en pecado, fue la imagen original. Aunque no sabemos con exactitud cómo es en sí misma la imagen de Dios en esa fase de la historia del hombre, porque solo la experimentaron Adán y Eva, podemos asumir que la pareja humana original reflejaba a Dios sin pecado y en obediencia. El hombre era entonces para citar a San Agustín, «incapaz de pecar». Podemos, por tanto, asumir también que en esta etapa Adán y Eva actuaban sin pecado y en obediencia en las tres relaciones que aprendimos: en rendir culto y servir a Dios, en amarse y servirse unos a otros, y en dominar y cuidar la naturaleza.




Sin embargo, debe agregarse otro comentario. Aunque la primera pareja humana estaba libre de pecado, viviendo en lo que teólogos iníciales solían llamar «el estado de integridad», todavía no habían llegado al final del camino. Todavía no se habían desarrollado en for­ma plena como portadores de la imagen de Dios; deberían haber pro­gresado hasta una fase más elevada donde su condición sin pecado no se habría podido perder. En la fase en que se encontraban, todavía se: daba la posibilidad de pecar. Ellos debían madurar, crecer de tal forma que aun cuando podían caer en pecado no lo hicieran, si no que tomaran la decisión de estar firmes para Dios.




Adán... Todavía vivía en la posibilidad de pecar...; todavía no poseía el amor perfecto, in­mutable que excluye todo temor. Eso lo hubiera logrado si hubiera pasado la prueba.




Por lo menos esto resulta claro: la integridad en la que vivían Adán Vivía antes de la caída no era un estado de perfección terminada in cambiable. El hombre, desde luego, fue creado a imagen de Dios en el comienzo, pero todavía no era un «producto acabado». Todavía necesitaba crecer y ser puesto a prueba. Dios quería determinar si el hombre le sería obediente de manera libre y voluntaria, frente a una posibilidad real de desobediencia. Por esta razón Dios dio a Adán un «mandato de prueba»: «Puedes comer de todos los árboles del jardín, pero del árbol de conocimiento del bien y del mal no deberás comer. El día que de él comas, ciertamente morirás» (Gen 2:16-17). Si Adán y Eva hubieran cumplido este mandato, quién sabe cómo hubiera sido la historia posterior de la raza humana. Pero, triste es decirlo, desobe­decieron el mandato y se hundieron en un estado pecaminoso junto con la raza humana que vendría después de ellos.




La imagen pervertida




Después de la caída del hombre en pecado, la imagen de Dios no quedó destruida sino pervertida. La imagen siguió estando ahí, la caída no destruyó los dones del hombre ni sus capacidades, pero a partir de ahora el hombre comenzó a utilizar di­chos dones en formas contrarias a la voluntad de Dios. Lo que cambió, en otras palabras, no fue lo que el hombre es sino cambió la forma en que funcionaba, la dirección en que iba.




Por causa de la caída, por tanto, la imagen de Dios en el hombre, aunque no destruida, se ha visto gravemente corrompida. Calvino, como recordaremos, describió esta imagen como deformada, vicia­da, mutilada, dañada, enfermiza y desfigurada. Herman Bavinck en cierta ocasión utilizó incluso la palabra devastada para describir lo que el pecado había hecho a la imagen de Dios en el hom­bre.
¿Cómo ha afectado esta perversión de la imagen la actuación del hombre en las tres relaciones en que Dios lo ha colocado?




1, El hombre fue creado, como hemos visto, para estar orientado adecuadamente hacia Dios; está ineludiblemente relacionado con Dios. Pero el hom­bre caído, en lugar de rendir culto al verdadero Dios, rinde culto a ído­los. En el primer capítulo de Romanos, Pablo plantea lo inexcusable de esta perversión de la relación Dios-hombre:
De modo que nadie [los hombres que con su maldad obstruyen la verdad] tiene excusa. A pesar de haber conocido a Dios, no lo glorifi­caron como a Dios ni le dieron gracias, sino que se extraviaron en sus inútiles razonamientos, y se les oscureció su insensato corazón. Aun­que afirmaban ser sabios, se volvieron necios y cambiaron la gloria del Dios inmortal por imágenes que eran réplicas del hombre mortal, de las aves, de los cuadrúpedos y de los reptiles» (w. 20-23).
Mientras que el hombre primitivo hacía ídolos de madera y piedra, el hombre moderno, al buscar algo que adorar, hace ídolos de una clase más sutil: a sí mismo, a la sociedad humana, al estado, al dinero, a la fama, a los bienes o placeres. Todas estas idolatrías son perversio­nes de la capacidad del hombre para adorar a Dios.
Podríamos seguir diciendo que, en lugar de utilizar la razón como medio para alabar a Dios, el hombre caído la utiliza ahora como me­dio para alabarse a sí mismo o a los logros humanos. El sentido moral con el que el hombre ha sido dotado ahora lo utiliza de una manera pervertida, llamando bueno a lo malo y malo a lo bueno. El don del habla se utiliza para maldecir a Dios en vez de para alabarlo. En lugar de vivir en obediencia a Dios, ahora el ser humano es un «hombre rebelde», que vive desafiando a Dios y a sus leyes.




2, La perversión de la imagen ha afectado también a la segunda de las tres relaciones del hombre. En lugar de utilizar su capacidad para asociarse con el fin de enriquecer las vidas de otros, el hombre caído utiliza ahora este don para manipular a otros como instrumentos para sus fines egoístas. Utiliza el don del habla para decir mentiras en lugar de la verdad, para perjudicar al prójimo en lugar de ayudarlo. Las ha­bilidades artísticas a menudo se han prostituido al servicio del placer, y las fuerzas sexuales recibidas de Dios se utilizan para fines perversos y degradantes. La pornografía y las drogas se han convertido en un gran negocio; su finalidad no es ayudar a otros sino explotarlos. El lema de muchos en el mundo de hoy parece ser, «Cada uno para sí, y al diablo lo demás». El hombre sigue ineludiblemente relacionado con otros, pero en lugar de amar a los otros se inclina a odiarlos.
En la sociedad contemporánea esta tendencia a odiar a los demás con frecuencia asume la forma de indiferencia o enajenación. La indi­ferencia hacia otros es un fenómeno común en nuestra creciente civi­lización urbana, donde muchas personas apenas si conocen a los veci­nos y, lo que es peor, no se preocupan por conocerlos. Se ve esta enajenación en su peor forma en el criminal que odia tanto a su prójimo que lo robara, violen­tará o matará con tal de conseguir lo que desea.




3, También en la tercera relación, entre el hombre y la naturaleza, se ha producido perversión. En lugar de dominar la tierra en obediencia a Dios, ahora el hombre utiliza la tierra y sus recursos para sus propios fines egoístas. Habiendo olvidado que le fue otorgado dominio sobre la tierra para glorificar a Dios y en beneficio de los demás, ahora el hom­bre ejerce este dominio en formas pecaminosas. Explota los recursos naturales sin respeto por el futuro: tala bosques sin reforestación, de­sarrolla cultivos sin rotaciones, no toma medidas para prevenir la ero­sión de suelos. Sus fábricas contaminan ríos y lagos, y sus chimeneas contaminan el aire, y a nadie parece preocuparle. El descubrimiento del secreto de la fisión nuclear, en lugar de ser un beneficio para el género humano, se ha convertido en una amenaza sobrecogedora que pende sobre nuestras cabezas como espada de Damocles. Y en sus logros culturales, su literatura, arte, ciencia y tecnología, el objetivo del hombre es engrandecerse en lugar de alabar a Dios.
En todas esas formas, por tanto, la imagen de Dios en el hombre se ha visto pervertida después de la caída. La imagen de Dios ahora no está funcionando bien, pero con todo sigue presente en el hombre. Para ser pecador se debe ser portador de la imagen de Dios; se debe poder razonar, querer, to­mar decisiones; un perro, que no posee la imagen de Dios, no puede pecar. El hombre si, peca con dones que reflejan a Dios.
De hecho, la grandeza misma del hombre consiste en el hecho de que sigue siendo portador de la imagen de Dios. Lo que hace tan odio­so el pecado es que el hombre prostituye esos espléndidos dones. Corromper lo mejor es lo peor.




Conclusión:




1. Nunca debemos olvidar que todo lo que Dios creó era bueno en gran manera, cuando lo creó. era una maravilla lo que Dios le dio a Adán y Eva, ellos eran imagen de Dios en su sentido más pleno, eran obedientes, amaban a Dios, se amaban entre ellos y amaban la naturaleza, su situación era realmente maravillosa. Santa, justa, hermosa totalmente. Era supremamente maravillosa la condición pero les faltaba madurar y crecer eran personas que podían tomar decisiones y una de las decisiones que podían tomar era obedecer a Dios y ser felices por siempre. Pero esa obediencia debían aprenderla.

2. El pecado es la peor tragedia que le ha podido ocurrir a la humanidad, el pecado degeneró y pervirtió esa maravillosa imagen suya que nos había dado, pero no el pecado como si fuera algo aparte de nosotros sino el mismo hombre y la mujer se pervirtieron, se degeneraron al pecar. Adán y Eva se corrompieron de tal forma que la maravillosa imagen de Dios ahora las personas la utilizan solo para la maldad, para el egoísmo, el hombre es entonces un ser maravilloso que solo se ocupa de hacer males.

Así que debemos reconocer esto hermanos y estar a cuentas con Dios:
Debemos confesarle lo que hemos sido, reflexionar ante su palabra si la Biblia dice que no hay justo ni aun uno; debemos creerlo y reconocerlo, además decírselo en oración a Dios, decirle que creemos en sus palabras y que sí hemos sido malos, nunca traten de justificarse, nunca traten de decir; “el que está a mi lado es peor” solamente reconozcan sus pecados hermanos y vean que la imagen de Dios que ahora tenemos es un imagen pervertida, no se justifique por que el que encubre su pecado no prosperará, no se crea mejor que nadie, piense de sí con cordura, estime a los demás como superiores a usted y así estará haciendo una verdadera confesión de sus pecados.
Debemos arrepentirnos de corazón: es triste notar que una oración que poco está en la boca y en los corazones de muchos hermanos es la de arrepentimiento, uno oye muy poco a la gente pedirle de corazón a Dios que los perdone , seguramente falta reconocerlo, pero luego que hemos reconocido que hemos pecado uno no se debe quedar allí el siguiente paso es arrepentirse, arrepentirse por un lado es entristecerse del mal que uno ha hecho, uno se entristece cuando reconoce el mal que ha hecho, si uno no reconoce sus pecados no se entristece porque cree que todo va bien, muchos se preguntarán ¿pero por qué el Pastor quiere que yo este triste? Bueno mire la respuesta 2Co 7:10 Porque la tristeza que es según Dios produce arrepentimiento para salvación, de que no hay que arrepentirse; pero la tristeza del mundo produce muerte.

Es importante sentir esa tristeza de haber pecado porque solo ella produce arrepentimiento, en otras palabras si a uno no le duele haber pecado no se arrepiente, si a usted no le duele mentir nunca va a dejar de hacerlo, si no le duele ofender a alguien nunca va a dejar de hacerlo, si nunca le duele ofender a Dios nunca va a dejar de hacerlo.

Pero luego de que uno reconoce su pecado y lo confiesa, luego que se entristece por lo que hizo, el verdadero arrepentimiento se demuestra dejando ese pecado, en otras palabras si uno dice que lo reconoció y que se entristeció y no lo deja pues ese arrepentimiento es falso, debe dejarlo y debe obedecer a Dios, de allí que sabemos que algunos de ustedes no creen en Dios porque no han abandonado su pecado sino que lo siguen cometiendo, escuchen las palabras del Señor Jesús: Juan 5:14 Después le halló Jesús en el templo, y le dijo: Mira, has sido sanado; no peques más, para que no te venga alguna cosa peor.
Juan 8:10 Enderezándose Jesús, y no viendo a nadie sino a la mujer, le dijo: Mujer, ¿dónde están los que te acusaban? ¿Ninguno te condenó? Ella dijo: Ninguno, Señor. Entonces Jesús le dijo: Ni yo te condeno; vete, y no peques más.

No peques mas es el llamado de Dios para alguien que verdaderamente se ha arrepentido, no peques más nos dice el señor en este día hermanos, no peques más.

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